Hay clientas que entran en Cowper Hall o nos escriben por redes sociales con una seguridad que da gusto. Saben lo que quieren y lo compran. En cambio, hay otras clientas que teniendo delante una prenda que les gusta, la miran, la tocan y dicen algo que escuchamos más de lo que imaginas: "Me encanta, pero es que no sé con qué combinarlo."
Si te estás visualizando diciendo eso, este artículo es para ti.
Combinar colores tiene fama de ser algo complicado, pero no es verdad. Existen unas ideas muy sencillas que, una vez que las entiendes, cambian completamente la forma en que te vistes.
¿Preparada? Al lío.
Primero, olvida el miedo al color
El principal enemigo de combinar bien los colores es el miedo, no la falta de conocimiento. El miedo a equivocarse, a llamar la atención, a que algo "no pegue" y esto desencadena en armarios llenos de colores como el negro, blanco, gris y beige. Y luego ya no sabes cómo salir.
Hay que entender que el color es una herramienta y, como cualquier otra, tienes que saber cómo usarla.
La regla del 60-30-10: sencilla y casi infalible
Si tienes que quedarte solo con un concepto de este artículo, por favor, que sea este. Cuando construyes un look, piensa en tres proporciones:
- El color dominante ocupa aproximadamente el 60% del conjunto. Suele ser el más neutro o el que menos protagonismo pide. Por ejemplo un pantalón blanco, un vestido azul marino o una falda camel.
- El color secundario ocupa el 30%. Es el que empieza a darle personalidad al look. Piensa en una blusa mostaza, una chaqueta verde o un cuerpo coral.
- El color de acento ocupa el 10% restante. Es el toque que lo termina y lo hace interesante. Aquí entran los complementos: el bolso, los zapatos, un pañuelo, unos pendientes llamativos...
Este reparto funciona porque crea equilibrio visual sin que tengas que pensar demasiado. Según los expertos, el ojo humano descansa en el color dominante y se deleita en el acento, no existiendo saturación, pero tampoco aburrimiento.
¿No te lo crees? Pruébalo la próxima vez que te vistas y verás la diferencia.
Los colores que casi siempre funcionan juntos
No hace falta ser un experto en colometría. Tan solo basta con conocer grupos de colores que históricamente dan buenos resultados.
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Neutros entre sí. Blanco, negro, gris, beige, camel y tostado son los grandes pacificadores del armario. Combinan bien entre ellos y funcionan con casi cualquier otro color. Un outfit todo en tonos neutros nunca falla y, si además juegas con texturas distintas, puede ser muy sofisticado.
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Un neutro más un color. Esta es la fórmula más fácil y más versátil. Ejemplos fáciles de esta combinación: vaquero azul con blusa blanca, pantalón negro con top verde botella o falda camel con jersey burdeos. El neutro hace de base y el color hace el trabajo.
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Tonos de la misma familia. Lo que se conoce como el look monocromo, es decir distintas prendas en distintas intensidades del mismo color. Esta combinación es elegante, fácil y da una imagen muy cohesionada.
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Colores tierra juntos. Terracota, ocre, mostaza, marrón, naranja quemado y verde oliva. Todos conviven en perfecto equilibrio porque comparten la misma temperatura cálida.
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El azul marino con casi todo. Es el negro que no es negro. Va con blanco, con rojo, con amarillo, con verde, con rosa palo, con naranja y con un sinfín de colores. Es uno de los colores más versátiles del armario y está infrautilizado por muchas mujeres.
Combinaciones que dan más miedo del que merecen
Hay combinaciones que parecen arriesgadas pero que en realidad funcionan muy bien cuando se hacen con sentido.
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Estampado más liso del mismo tono. Si llevas una blusa de rayas azules y blancas, un pantalón liso en azul es perfecto. El secreto está en coger uno de los colores del estampado y repetirlo en liso.
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Dos estampados juntos. Sí, se puede. La condición es que compartan al menos un color en común o que uno sea muy pequeño y el otro más grande. Por ejemplo una camisa de cuadros pequeños con una falda de flores medianas puede funcionar si los colores se hablan entre sí. También queda muy estiloso el mismo estampado, por ejemplo rayas, pero de diferentes tamaños.
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Colores muy vivos juntos. Esta combinación a mi madre y a mi nos encanta: rojo con naranja, verde con amarillo o rosa con rojo, entre otros. Pueden parecer un caos pero en verano, con las texturas adecuadas, son muy estilosas y originales. La clave es que los accesorios sean neutros para que no haya demasiada información visual a la vez.
Lo que sí importa más que el color: el tono de tu piel
Una de las cosas que más influye en cómo te ves a la hora de vestir es tu tono de piel. Si acercas ropa de diferente color a tu cara, verás cómo unos tonos te favorecen y otros no tanto.
Las pieles más cálidas suelen lucir mejor con colores tierra, cálidos y vibrantes: terracota, coral, mostaza, verde oliva o naranja. En cambio, las pieles más frías se ven mejor con colores fríos y nítidos: azul eléctrico, verde esmeralda, burdeos, lavanda o gris. También existen las pieles neutras que, si la tienes enhorabuena porque tienes la suerte de poder poner casi cualquier color y estar favorecida.
¡Ojo! Esto no son reglas absolutas. Como todo en la vida, hay excepciones en todos los casos, pero sí es un buen punto de partida para entender por qué hay colores que te ponen cara de recién levantada y otros que te hacen parecer que has dormido doce horas.
Un truco final: te sirve lo que ya tienes
La mejor forma de aprender a combinar colores es mirando tu propio armario. Coge todas tus prendas y, una vez las agrupes por color, probablemente descubras que ya tienes una paleta bastante definida. Los colores que tienes son los que intuitivamenre te atraen y que muchas de tus prendas ya combinan entre sí sin que te hayas dado cuenta.
Lo que necesitas comprar a veces es simplemente la prenda neutra que una las de colores que ya tienes y no algo llamativo.
En Cowper Hall trabajamos mucho con las clientas en una idea: "antes de añadir, entender lo que ya hay". Y es que como decimos nosotras, un armario bien estructurado es el que más posibilidades tiene, no el que más ropa guarda.
¿Tienes dudas sobre qué colores van con qué en tu caso concreto? Pásate por la tienda —en Gijón o en nuestra tienda online— y lo vemos juntas. A eso también nos dedicamos.
Cómo combinar colores en la ropa sin saber nada de moda
Hay clientas que entran en Cowper Hall o nos escriben por redes sociales con una seguridad que da gusto. Saben lo que quieren y lo compran. En cambio, hay otras clientas que teniendo delante una prenda que les gusta, la miran, la tocan y dicen algo que escuchamos más de lo que imaginas: "Me encanta, pero es que no sé con qué combinarlo."
Si te estás visualizando diciendo eso, este artículo es para ti.
Combinar colores tiene fama de ser algo complicado, pero no es verdad. Existen unas ideas muy sencillas que, una vez que las entiendes, cambian completamente la forma en que te vistes.
¿Preparada? Al lío.
Primero, olvida el miedo al color
El principal enemigo de combinar bien los colores es el miedo, no la falta de conocimiento. El miedo a equivocarse, a llamar la atención, a que algo "no pegue" y esto desencadena en armarios llenos de colores como el negro, blanco, gris y beige. Y luego ya no sabes cómo salir.
Hay que entender que el color es una herramienta y, como cualquier otra, tienes que saber cómo usarla.
La regla del 60-30-10: sencilla y casi infalible
Si tienes que quedarte solo con un concepto de este artículo, por favor, que sea este. Cuando construyes un look, piensa en tres proporciones:
Este reparto funciona porque crea equilibrio visual sin que tengas que pensar demasiado. Según los expertos, el ojo humano descansa en el color dominante y se deleita en el acento, no existiendo saturación, pero tampoco aburrimiento.
¿No te lo crees? Pruébalo la próxima vez que te vistas y verás la diferencia.
Los colores que casi siempre funcionan juntos
No hace falta ser un experto en colometría. Tan solo basta con conocer grupos de colores que históricamente dan buenos resultados.
Combinaciones que dan más miedo del que merecen
Hay combinaciones que parecen arriesgadas pero que en realidad funcionan muy bien cuando se hacen con sentido.
Lo que sí importa más que el color: el tono de tu piel
Una de las cosas que más influye en cómo te ves a la hora de vestir es tu tono de piel. Si acercas ropa de diferente color a tu cara, verás cómo unos tonos te favorecen y otros no tanto.
Las pieles más cálidas suelen lucir mejor con colores tierra, cálidos y vibrantes: terracota, coral, mostaza, verde oliva o naranja. En cambio, las pieles más frías se ven mejor con colores fríos y nítidos: azul eléctrico, verde esmeralda, burdeos, lavanda o gris. También existen las pieles neutras que, si la tienes enhorabuena porque tienes la suerte de poder poner casi cualquier color y estar favorecida.
¡Ojo! Esto no son reglas absolutas. Como todo en la vida, hay excepciones en todos los casos, pero sí es un buen punto de partida para entender por qué hay colores que te ponen cara de recién levantada y otros que te hacen parecer que has dormido doce horas.
Un truco final: te sirve lo que ya tienes
La mejor forma de aprender a combinar colores es mirando tu propio armario. Coge todas tus prendas y, una vez las agrupes por color, probablemente descubras que ya tienes una paleta bastante definida. Los colores que tienes son los que intuitivamenre te atraen y que muchas de tus prendas ya combinan entre sí sin que te hayas dado cuenta.
Lo que necesitas comprar a veces es simplemente la prenda neutra que una las de colores que ya tienes y no algo llamativo.
En Cowper Hall trabajamos mucho con las clientas en una idea: "antes de añadir, entender lo que ya hay". Y es que como decimos nosotras, un armario bien estructurado es el que más posibilidades tiene, no el que más ropa guarda.
¿Tienes dudas sobre qué colores van con qué en tu caso concreto? Pásate por la tienda —en Gijón o en nuestra tienda online— y lo vemos juntas. A eso también nos dedicamos.